...
La mayoría de los espectadores le brindaban aliento, le proporcionaban agua
fresca en forma constante.
Sin olvidarse de ellos un solo instante, y conciente de la ayuda
de Dios, nunca abandonó su postura erguida, e intentó no girar su cabeza hacia
atrás. Su vista se concentraba en un punto, sin poder determinar exactamente la
distancia a la que se encontraba.
Una vez que alcanzara su meta, no renunciaría a su actividad
como deportista, pero su próximo juego lo enfrentaría con la energía del triunfo
en la competencia más difícil de su vida, con la fuerza que da la experiencia y
con el placer que da la fama bien obtenida...
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